La Riviera Pacífica se extiende ante nosotros, invitante, resplandeciendo bajo un espléndido sol de noviembre y prolongándose unos 40 kilómetros a lo largo de la Carretera Panamericana.
“Todavía nos queda camino por recorrer”, me informa Yuesnavy mientras mira al frente y trata de esquivar los huecos de la carretera.
Yo lo miro a él. Todavía no puedo creer que su madre le pusiera ese nombre. Según me había contado, su padre había servido en la Marina de los Estados Unidos durante la década de los 80, justo cuando comenzaba el auge de la dictadura en Panamá, por allá por el 83 o el 84, cuando empezó todo aquello.
A su padre, estadounidense, nunca llegó a conocerlo realmente; su madre, tan enamorada de aquel hombre, le puso a su único hijo un nombre que le permitiera recordarlo todos los días. ¿Por qué no lo llamó simplemente Junior?
“Apenas vamos por Punta Chame”, continúa Yuesnavy.
Ya lo sabía. Me limité a asentir detrás de las gafas de sol, reflexionando sobre cuánto había cambiado la Riviera Pacífica de Panamá en los últimos 40 años. Para empezar, no se llamaba así cuando Noriega pasaba los fines de semana en su casa de playa en Farallón, sino “Las Playas”, y Río Hato y Farallón, hoy tan famosas por sus megahoteles y refinados resorts, eran áreas altamente militarizadas. Coronado, por otro lado, ya se había consolidado como la primera comunidad de playa planificada del país y, durante los fines de semana de verano y los carnavales, se convertía en el refugio predilecto de la clase alta capitalina.
Los 90
Pero no fue hasta la década de los 90 cuando todo cambió: gracias a una legislación histórica impulsada durante los últimos meses del gobierno de Guillermo Endara (1989–1994) y desarrollada posteriormente por su sucesor Ernesto Pérez Balladares (1994 – 1999), el gran auge inmobiliario y hotelero playero surgió y creció como un girasol mirando al este. La Ley 8 de 14 de junio de 1994 fue a todas luces el detonante que ―a través de importantes incentivos fiscales, entre ellos exoneraciones por 20 años sobre determinados impuestos de importación de materiales y equipos destinados a la construcción y equipamiento de establecimientos turísticos, además de beneficios relacionados con los bienes inmuebles― contribuyó a catapultar el turismo en Panamá, atrayendo nuevas inversiones y favoreciendo el desarrollo.

El All Inclusive
Eso dio paso a la apertura de megaproyectos y resorts “todo incluido” a comienzos de la década siguiente, como el Decameron de Farallón, marcando un hito en una nueva forma de hacer turismo y disfrutar del ocio con sabor a playa: ron con cola sin límite y platos de arroz y pescado servidos sin tener que pedir la cuenta.
El all inclusive, que replicaba modelos que ya habían cosechado éxito en España y Bélgica, y en Jamaica en el Caribe, llegaba a Panamá para quedarse. Después del Decameron vendrían otros: el Playa Blanca Beach Resort, establecido en 2003, en Río Hato, a escasos minutos del mismo Decameron; el Westin Playa Bonita y el Dreams Playa Bonita Panamá, establecidos en 2011 y 2016 respectivamente, ambos en Veracruz; el Breezes Resort & Spa Bijao (2009), luego Sheraton Bijao Beach Resort (2011 – 2022), y ahora Gran Evenia Bijao, ubicado en la Comunidad de Bijao, en Santa Clara; y finalmente el Hotel Riu Playa Blanca, que abrió sus puertas en 2014 y está ubicado en Playa Blanca. Cabe destacar que casi todos los de la Riviera Pacífica están ubicados en Coclé, menos el Westin y el Dreams. Hoy Panamá cuenta con al menos siete hoteles y resorts que ofrecen modalidades all-inclusive, concentrados principalmente en la costa del Pacífico, aunque el modelo también se ha extendido a destinos exclusivos del Caribe, como Bocas del Toro.
“La Casa de Piedra”, la ya mencionada casa de playa de Noriega, así como la base militar de la Sexta Compañía de Infantería de las Fuerzas de Defensa de Panamá en Farallón, no tardaron mucho en entrar en el radar del Gobierno, que, después de 1989, vio en ellos un enorme potencial para desarrollar un turismo de sol y playa durante todo el año en vez de desperdiciar infraestructuras ya existentes y sectores ideales para fomentar tanto el sector de la construcción, como el hotelero, como el inmobiliario, en un momento en que la situación económica de Panamá era catastrófica, en quiebra total y sumida en una profunda recesión. De ahí las leyes antes mencionadas, que favorecieron el auge de los hoteles y terminaron transformando el paisaje.
Los últimos 10 años
En la última década, la Riviera Pacífica, que va de Chame a Río Hato, ha cambiado de ser un mero escape vacacional a un hub residencial permanente que atrae a muchos extranjeros jubilados, inversionistas internacionales de bienes raíces de lujo, nómadas digitales y trabajadores remotos.
Comunidades costeras como Coronado y Buenaventura, junto con zonas residenciales cercanas como Altos del María y El Valle de Antón, ya no son pueblos fantasmas durante la semana, sino que cuentan con colegios internacionales, hospitales modernos y centros comerciales activos durante toda la semana, además de espacios para coworking, u oficinas compartidas, donde profesionales independientes, emprendedores y empleados remotos de distintas empresas trabajan juntos en un mismo lugar, creando comunidades cada vez más dinámicas, diversas y activas permanentemente.
El Corredor de las Playas
Tomando en cuenta el tráfico en la carretera y visto el auge playero, se concibió bajo el gobierno de Juan Carlos Varela (2014-2019) un megaproyecto de casi 55 kilómetros llamado el Corredor de las Playas, un plan ambicioso para conectar La Pesa de la Chorrera hasta San Carlos con seis carriles. De haberse terminado, la Riviera se habría parecido a algo diferente de lo que es ahora; en cambio, bajo el gobierno de Laurentino Cortizo (2019-2024) y debido a problemas críticos de presupuesto, demoras en la reubicación de servicios públicos y un alto costo en el pago de indemnizaciones por servidumbre, los casi 55 kilómetros de la carretera dibujada en la imaginación de los optimistas proyectistas urbanos fueron reduciéndose de un 80% a un tramo de seis kilómetros que va de La Pesa (Chorrera) hasta El Espino (también Chorrera).
El actual gobierno de José Raúl Mulino (2024 – ), tras convocar una nueva licitación (que quedó bajo la responsabilidad de Constructora MECO), volvió a arrancar las maquinarias y el imaginario colectivo para que el ambicioso proyecto original se convirtiera eventualmente en realidad, iniciando en marzo de 2026 los trabajos para unir El Espino a Sajalices (distrito de Chame), con un tramo de casi 20 kilómetros que hoy en día lleva un avance del 6% (al momento de escribir este texto, en noviembre de 2026), una fecha de entrega para septiembre de 2028, y un costo presupuestado de $228.5 millones.
Aeropuerto de Río Hato
El Aeropuerto Internacional Scarlett Martínez de Río Hato, que fue inaugurado en noviembre de 2013 durante el gobierno de Ricardo Martinelli (2009 – 2014) con un costo total de $52 millones a cargo también de Constructora MECO, empezó a despegar y cobrar un nuevo impulso estratégico especialmente de unos años a esta parte, cuando vuelos chárter procedentes de Canadá (como Air Transat y Sunwing), así como vuelos comerciales regulares directos desde mercados sudamericanos como Quito (Ecuador) y Bogotá (Colombia), operados por aerolíneas como Wingo, permitieron a los turistas aterrizar a 20 minutos de su resort en el corazón de la Riviera en lugar de depender de un aeropuerto internacional a dos horas y 130 kilómetros de distancia en la ciudad capitalina.
El efecto Airbnb
La plataforma digital que permite a propietarios, llamados “anfitriones” dentro de la misma, publicitar y contratar el arriendo de sus propiedades con sus “huéspedes”, fue creada en California, Estados Unidos, en 2008, y comenzó a operar en Panamá en 2011. Su crecimiento coincidió, sin embargo, con un escenario regulatorio particular: la Ley 80 de 2012 restringió los arrendamientos turísticos de corta estancia en el distrito de Panamá (Ciudad de Panamá) para propiedades que no contaran con un permiso de alojamiento público, y prohibió el arrendamiento turístico por períodos inferiores a 45 días.
La alternativa se desplazó hacia las playas y las montañas: la plataforma opera con normalidad y de manera legal en las zonas de playa como la Riviera Pacífica, áreas de montaña y en ciertos sectores exceptuados o cascos históricos.
Este efecto ha dado vida a un florecimiento repentino y considerable de alquileres cortos, transformando el modelo de negocios e incluso estimulando el desarrollo de complejos orientados también al mercado de rentas vacacionales de corta estancia, incorporando al mercado una alternativa a la industria hotelera tradicional.
Vive la Riviera
En julio de 2026 fue concebida la estrategia “Vive la Riviera”, un proyecto enfocado en Punta Chame, San Carlos, Río Hato, Antón, Penonomé y El Valle de Antón con el objetivo de unificar una oferta turística “paquetizada”, es decir, integrando rutas que mezclan la playa con lo rural, la participación activa en comunidades agrarias, recorridos por fincas y el acceso desde los resorts de playa hacia las montañas, promoviendo actividades de senderismo, visitas a cascadas y avistamientos de fauna silvestre. Su objetivo es conectar de forma inteligente y fluida las costas del Pacífico con el interior rural.
La oferta “paquetizada” facilita también encuentros y experiencias culinarias con productores agrícolas locales de Coclé y Panamá Oeste, tanto para los turistas como para los chefs de los hoteles, los cuales llegan a conocer en persona a los productores del campo. Todo eso parece realmente una excelente iniciativa, algo nuevo, algo moderno, algo con un toque de ultramar. Me quedo un poco adormilado mientras pasamos por San Carlos, la cabeza cayéndose y volviendo a enderezarse. Yuesnany sigue con las manos firmes sobre el volante, imperturbable como un soldado. Su padre estaría orgulloso de él.
